¿Conoces los beneficios de las mascarillas faciales? Su función principal es limpiar de forma profunda nuestro rostro, capturando y eliminando las impurezas. Además de limpiar, exfolian, eliminan las células muertas y tratan tu tipo de piel, por ello, son perfectas para lucir un rostro sano y fresco.

El primer efecto que notarás después de un uso continuado de una mascarilla adecuada a tu tipo de piel será la luminosidad y brillo que reflejará tu cutis. Si tienes un cutis graso, comprobarás como poco a poco dejas de tener exceso de brillo y esos molestos granitos. Si tienes un cutis apagado y con tendencia a las arruguitas, tu rostro se verá más luminoso y tus marcas cada vez serán menos pronunciadas. Y, si tienes una piel muy sensible y con rojeces, sentirás frescor y alivio con su uso.

Para conseguir esto lo único que necesitas hacer es elegir la mascarilla más apropiada para tu tipo de piel y, ante todo, que esté elaborada con ingredientes naturales para minimizar las posibles reacciones alérgicas que puedan alterar tu rostro.

Es importante para obtener resultados lo antes posible ser constante en su aplicación. Y ¿cuándo debes hacerlo? Si tienes la piel sensible, una vez por semana. Si tienes la piel seca y envejecida, también una vez por semana. Y, si tienes la piel grasa, dos veces por semana. Un consejo que puede ser útil es adquirir una rutina y elegir un día y un momento del día para que no se te olvide. Por ejemplo, el domingo por la noche después de cenar.

Antes de aplicar tu mascarilla es importante que limpies tu cutis con algún peeling natural que arrastre todas las impurezas y células muertas que puedas tener acumuladas y seguramente estén taponando tus poros. Una vez que tienes el rostro limpio, puedes aplicarte una capa abundante de mascarilla sobre todo el rostro dejando libre el contorno de los ojos y los labios. Este es el momento en el que todo lo que te apliques tiene gran efecto en la piel gracias a la liberación de las molestas impurezas.

En cuanto al tiempo que debes dejar la mascarilla actuar es de 20 a 30 minutos. Lo importante durante este rato es que sientas el rostro a gusto, sin picores ni tiranteces. En caso de sentir alguno de estos síntomas o no tener una sensación de bienestar, lo mejor es que elimines la mascarilla lavándote la cara con abundante agua. Quizás por alguno de los ingredientes del producto, esa mascarilla no es para ti y te puede perjudicar en vez de alcanzar el fin deseado. Estos casos son raros, pero pueden pasar. Lo esencial es quenunca uses un producto que notes que te hace el más mínimo daño. Indaga y busca otros que se adapten más a tu piel. Siempre habrá alguno para ti.

Retira la mascarilla con abundante agua. Puedes ayudarte con una esponja suave si lo prefieres, aunque no es necesario, pues el agua eliminará el excedente de producto sin más.

Después de este proceso es aconsejable que te apliques un tónico natural que cierre tus poros y, posteriormente, tu crema hidratante o nutritiva habitual.

Con esta pequeña rutina conseguirás un rostro sano, luminoso, sin granos, sin rojeces, etc. ¿Se puede pedir más?

Recuerda de todos modos que para cuidar tu piel debes tener en cuenta también tu interior. Es decir, necesitas prestar atención a tu alimentación y a tus emociones. La unidad de exterior e interior en todos sus ámbitos será lo que se refleje en tu rostro y lo que te hará irradiar salud y belleza natural.

En próximas entradas iremos informando de los ingredientes adecuados para cada tipo de piel.

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