¿Por qué no es parabeno todo lo que reluce? Desde hace unos años, afortunadamente, diferentes marcas de cosmética, han empezado a eliminar de sus ingredientes los famosos parabenos, dada su alta toxicidad para el organismo humano. Eso, al parecer, es sinónimo de confianza para el consumidor, que piensa que su salud está más protegida gracias a la ausencia de tan temido ingrediente. Pero, como veremos a lo largo de esta entrada, nada más lejos de la realidad.

¿Qué son los parabenos?

Sencillamente, los parabenos son los conservantes que se usan en los diferentes cosméticos para evitar la proliferación de microorganismos. Normalmente se utilizan combinados con otros conservantes, lo que puede aumentar sus efectos dañinos. Los podemos identificar perfectamente en la etiqueta por sus nombres, generalmente en inglés: methylparaben, propylparaben, butylparaben o benzylparaben. La concentración habitual de estos parabenos suele ser del 0,01 al 0,3%.

Realmente hay dos tipos de Parabenos: los orgánicos, que poseen algunos alimentos y, al ser naturales, no presentan ningún problema, y los sintéticos, que se han elaborado en un laboratorio.

La alerta sobre estos últimos, llegó en el año 2004 cuando oncólogos de la University of Reading, de Edimburgo, llevaron a cabo estudios con tejidos cancerígenos y en el 90% de las muestras que venían de biopsias de mujeres con cáncer de mama, había rastros de parabenos. Por si fuera poco, también se ha descubierto que son responsables de algunas reacciones alérgicas en la piel. 

Con todos estos antecedentes, es razonable que se vayan eliminando de los productos que usamos, aunque no todos los alejan de sus etiquetas, pero, ¿cómo se evita entonces la proliferación de microorganismos en la cosmética? Pues la respuesta es sencilla: sustituyendo los parabenos por otras sustancias tan dañinas como ellos.

Otras sustancias que puedes encontrar en tus cosméticos

  • Fenol-Fenil, se trata de alcoholes derivados del benceno que podemos encontrar en las etiquetas como phenolphthalei y chlorophenol. Están presentes en las lacas del pelo, por ejemplo. Pueden afectar al sistema nervioso, al hígado, al corazón, al riñón y a la piel.
  • El aluminio, habitual en los desodorantes, cada vez menos de ellos lo contienen, y es que además la forma de aluminio que se suele incorporar en estos productos es la más peligrosa: el clorhidrato de aluminio. Su uso está cada vez más relacionado con el cáncer de mama, e incluso hay estudios que demuestran que altera el ADN.
  • Colorantes: Se utilizan en todo tipo de productos y los podemos encontrar con distintas denominaciones como acetanilin, HC orange, acid red o pigment. Entre sus efectos nocivos puede estar la alteración del ADN o el cáncer.
  • Aceites minerales: son derivados del petróleo que sirven como conservantes y para darle una apariencia cremosa en los cosméticos. Aportan sensación de hidratación porque cubren la piel tapando los poros, pero la realidad es que absorben la propia humedad cutánea y a la larga terminan resecando. La sensación de hidratación es falsa y solo mientras tengamos el producto sobre la piel ya que además obstruyen los poros. Pueden producir acné, alergias, sequedad e irritación. Los podemos encontrar en infinidad de cremas, para niños y adultos, con el nombre de mineral oil, paraffinum o petrolatum.
  • Ftalatos: Son unos disolventes presentes en los productos de manicura, en las lacas para el pelo y algunos desodorantes identificados con los nombres de dietihexiloftalato (DEHP), dibutilftalato (DBP) o butibenziftalato (BBP). Están prohibidos en cualquier juguete o artículo para niños. Pueden producir cáncer y asma.
  • Sodium Lauril Sulfate: Aunque se va reduciendo su uso en geles y champús, Está presente en todos los productos de higiene desde cremas, champús y cualquier tipo de limpiadoras. Su efecto es acumulativo y se deposita en los tejidos del corazón, los pulmones o los ojos. Favorece la aparición del cáncer y modifica el ADN.
  • Diethanolamine: se utiliza como detergente y está en todos los productos que producen espuma. En la etiqueta la podemos localizar con el nombre de DEA. Se concentra en el hígado y los riñones y podría favorecer la aparición de cáncer.
  • Butilhidroxitolueno (BHT): es un antioxidante sintético que se usa habitualmente como conservante alimentario y cosmético. Puede aparecer en las etiquetas como aditivo E-321.  Afecta al tejido epitelial del sistema digestivo y al tejido neuronal del hipotálamo del cerebro. El BHT afecta al comportamiento de sustancias carcinógenas, altera el sistema inmunitario, la sangre y el hígado, es un disruptor endocrino y es alérgeno reconocido. Se acumula en el tejido graso como otros tóxicos.

De todo esto se deduce que, por eliminar un ingrediente dañino, no quiere decir que desaparezcan los riesgos, pues este ingrediente acaba siendo sustituido por otro de igual o peor efecto. 

Ante este panorama, tenemos que tener claro que, si realmente queremos desechar de nuestra vida este tipo de sustancias, hay que optar por la cosmética natural, pues es la única que nos garantiza que no contiene estos ingredientes. Y sobre todo, antes de adquirir un producto lee su INCI y asegúrate que no incluye nada dañino para tu salud y la de los tuyos.

Plantas con Alma es garantía de calidad y de salud para nuestra piel y nuestro organismo. Te invitamos a que leas los INCIS de las cremas Plantas con Alma. Puedes consultarlos en la web https://www.plantasconalma.es/

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