Las pieles sensibles, finas y reactivas presentan enrojecimientos y pequeños vasos sanguíneos visibles en el rostro, a veces de forma transitoria aunque este fenómeno puede empeorar gradualmente, es acumulativo y las manifestaciones cutáneas pueden volverse permanentes.

Los enrojecimientos o vasos visibles se deben a una anomalía del sistema venoso del rostro que no funciona con normalidad. Es posible que se manifiesten también con sensación de ardor o quemazón. Existen factores agravantes como: Variaciones fuertes de temperatura (frío-calor), el consumo de platos muy calientes y picantes, la ingesta de bebidas alcohólicas, malas digestiones, sol, estrés, mala gestión de las emociones… y, a veces, es también una reacción a los productos sintéticos que te hayas estado aplicando.

La cuperosis puede ser unos de los primeros síntomas de la rosácea

La red de vasos superficiales dibuja una telaraña de estelas rojizas en el rostro que pueden variar dependiendo de las personas, su tipo de piel, edad o los cambios de temperatura interna o externa. Los vasos serán más o menos grandes y de colores que van del rojo vivo al violeta azulado.

Las zonas del rostro que suelen verse mas afectadas son las alas nasales, los pómulos y las mejillas, aunque, en ocasiones resulta afectado todo el rostro.

Cuando las estas arañas vasculares no se aprecian bien a simple vista y la piel continúa enrojecida, se produce lo que se llama eritema o rojeces. 

En la mayoría de los casos la aparición de la cuperosis es lenta y progresiva y puede derivar en una forma de rosácea. 

Las mujeres padecen 3 veces más la rosácea que los hombres y la piel clara es la más afectada.

¿Cómo puede cuidarse y mejorarse?

Lo principal es acudir al dermatólogo para que haga un diagnóstico preciso, es decir: si se trata de cuperosis, rosácea o de alguna otra infección. En segundo lugar, es necesario limitar los posibles detonantes: variaciones de temperatura, exposición a los rayos UV, bebidas calientes, alimentos condimentados, café, digestiones difíciles… El alcohol y cualquier sustancia excitante no es un detonante aunque su consumo excesivo acentúa los síntomas. 

En tercer lugar, necesitamos cuidar la piel con productos dermo-cosméticos hidratantes, calmantes, no oclusivos, para piel sensible e idealmente, deben contar con propiedades vasculoprotectoras. Será conveniente utilizar de la misma forma productos limpiadores adaptados y limitar el contacto con el agua de grifo. Los cosméticos deben contener plantas tales como hamamelis, aciano, malva, caléndula, jojoba, es decir, plantas con efectos calmantes y vasoconstrictores. Y evitar que contengan productos sintéticos o aromas no naturales. 

Es importante, también, desintoxicar la piel de todo producto que te hayas aplicado hasta ahora, eliminando limpiadoras, tónicos y cremas que no sean totalmente naturales. Haciéndolo así, la mejoría es visible en muy poco tiempo.

Se recomienda también usar un protector solar a diario. Este debe estar hecho con productos totalmente naturales, procedentes de plantas y de minerales como el óxido de cinc, que además es calmante. 

En definitiva, es necesario limpiar el rostro mañana y noche. No irse nunca a la cama sin haber limpiado y aplicado la crema calmante, puesto que por la noche nuestro organismo absorbe más y mejor todo lo que le pongamos, con lo cual es un momento clave para la mejora de las rojeces y la hidratación de la piel.

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